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jueves, 30 de septiembre de 2010

LA SUCESION DE EMPRESAS EN MATERIA DE SEGURIDAD SOCIAL

Es frecuente que determinadas empresas que arrastran deudas con la Seguridad Social decidan, aún más en época de crisis, cambiar de tercio e iniciar una nueva etapa, queriendo hacer borrón y cuenta nueva (nunca mejor dicho), empleando para ello la estrategia de crear una nueva compañía mercantil que continúe con la actividad de la anterior. Este acto puede calificarse como sucesión de empresas, pudiendo la Seguridad Social derivar toda la responsabilidad a la "sucesora" sobre las deudas que continúan pendientes. Existen una serie de requisitos que deben concurrir para entender dicha "sucesión de empresas".

El primero de ellos, el presupuesto subjetivo, esto es, que exista un cambio o sustitución de empresario por otro (por ejemplo en casos de operaciones mercantiles de fusión, absorción y escisión de sociedades, en compraventas, permutas y donaciones, arrendamientos de empresa o usufructo e incluso en casos de sucesión de contratas de obras y servicios y transmisión de concesiones administrativas).

El segundo presupuesto, es el presupuesto objetivo, esto es, que se transmita la totalidad de una empresa, o bien parte de la misma, un centro de trabajo o una unidad productiva autónoma. Y ¿qué se entiende por unidad productiva autónoma, dado que dicho término es un concepto jurídico indeterminado?.

Al respecto, la jurisprudencia ha considerado que unidad productiva autónoma es “un conjunto de medios organizados a fin de llevar a cabo una actividad económica, ya fuere esencial o accesoria” (STS 1-12-1999). Se trata de transmitir una organización productiva, o una parte independiente de ésta entendida como un conjunto de elementos patrimoniales, humanos y organizativos que sean susceptibles de una explotación económica independiente y capaz de generar bienes y servicios. Por lo tanto,  no se entiende por unidad productiva autónoma cuando hay una mera transmisión de elementos patrimoniales (maquinaria, por ejemplo), ni tampoco en el caso de que se produzca una compraventa de acciones.

Sin embargo, este concepto debe ampliarse como consecuencia de la Jurisprudencia del Tribunal Europeo, que considera igualmente "unidad productiva autónoma" la sucesión de plantilla. Concretamente según el TJCE “(…) en la medida en que, en determinados sectores en los que la actividad descansa fundamentalmente en la mano de obra, un conjunto de trabajadores que ejerce de forma duradera una actividad común puede constituir una entidad económica, ha de admitirse que dicha entidad puede mantener su identidad aún después de su transmisión cuando el nuevo empresario no se limita a continuar con la actividad de que se trata, sino que además se hace cargo de una parte esencial, en términos de número y competencias, del personal que el antecesor destinaba a dicha tarea. En este supuesto, (…) el nuevo empresario adquiere en efecto el conjunto organizado de elementos que le permitirá continuar con las actividades o algunas de las actividades de la empresa cedente de forma estable”. (STJCE Süzen).

Dicha jurisprudencia comunitaria se ha venido consolidando mediante posteriores pronunciamientos (STJCE Sánchez Hidalgo, Hernández Vidal, ambas de 10 de diciembre de 1998, STJCE Liikenne de 25 de enero de 2001, STJCE Temco Services Industries, de 24 de enero 2002), hasta que ha acabado aterrizando en los Tribunales Españoles: Tribunal Supremo 20/10/2004; 27/10/2004 y 25/01/2006.

Sin embargo, debemos aplicar este nuevo criterio de manera restrictiva, únicamente en aquellos sectores en los que la mano de obra conforma el capital fundamental en la empresa: vigilancia, limpieza, mantenimiento, etc. Asimismo, ha de tenerse en consideración otras circunstancias concurrentes en la "sucesión", como, por ejemplo, la adquisicón de bienes o activos materiales, la asunción de clientela, el mantenimiento del mismo centro de trabajo, la similitud de actividades o la transmisión mayoritaria o no de la plantilla en cuestión.

Consecuentemente, cuando sea recomendable que una sociedad cese para dar paso a otra, continuando con la misma actividad, deberán de adoptarse una serie de cautelas, aparte de que obviamente no coincidan socios y administradores de ambas empresas: no transmitir la totalidad de la plantilla (cuantos menos mejor), dotar a la nueva actividad de cierta genuidad con respecto a la anterior (lo suficiente para que no sean totalmente idénticas), no transmitir bienes muebles, cambiar de centro de trabajo y sede social y, en la medida de lo posible, no asumir la misma clientela (sino que ésta sea menor o mayor, con algún cliente significativo, de más o de menos), y, en todo caso, documentar dicha transmisión de clientela con su correspondiente contraprestación.