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sábado, 12 de mayo de 2012

EL DERECHO DE SEPARACIÓN DEL SOCIO POR NO REPARTO DE BENEFICIOS




En una sociedad mercantil el gobierno de su destino queda en manos de los socios, quienes en Junta toman sus decisiones bajo un sistema democrático de mayorías. El administrador o administradores o el Consejo de Administración, en su caso, llevan la gestión de la sociedad, pero no olvidemos que el verdadero poder lo ostenta la soberanía de los socios.

Ahora bien, hay socios de primera y segunda categoría, es decir, socios mayoritarios y socios minoritarios. Vamos a referirnos a estos últimos que, hasta la entrada en vigor de las nuevas reformas (que más adelante expondremos), estaban relegados a ser meros "palmeros" en las Juntas de accionistas y que únicamente podían hacer uso -incluso desmesurado- de su derecho al "pataleo" (esto es, aquellos que ostentan más del 5% del capital social).

El derecho a la separación del socio en caso de no reparto de dividendos:

El socio minoritario estaba condenado a recibir del cazo únicamente cuando la mayoría decidía repartir beneficios (si es que los había); y, en ocasiones, la mayoría (los otros), con quienes el socio minoritario compartía algo más que las acciones (normalmente disputas profesionales y casi siempre personales), se encargaba dicha mayoría de no repartir nunca beneficios o de desviarlos vía aumento de las retribuciones de los administradores o del coste laboral (que a la postre, sobre todo en sociedades limitadas pequeñas, terminaba revertiendo en los bolsillos de los socios mayoritarios, pues muchos de ellos, sino todos, eran a la vez administradores y/o empleados de la compañía).

Pues bien, desde el pasado 2 de octubre de 2011, en que entró en vigor la Ley 25/2011, de 1 de agosto de reforma parcial de la Ley de Sociedades de Capital, se modifica el artículo 384 bis de la LSC, que dice así: "a partir del quinto ejercicio a contar desde la inscripción en el Registro Mercantil de la sociedad, el socio que hubiere votado a favor de la distribución de los beneficios sociales, tendrá derecho de separación en el caso en que la Junta general no acordara la distribución como dividendo de, al menos, un tercio de beneficios propios de la explotación, obtenidos durante el ejercicio anterior".

Este nuevo derecho de separación individual supone que, si se dan las antedichas circunstancias, el socio podrá salir de la sociedad y recuperar el valor de su inversión. Por lo tanto, la Junta de Socios ya no es soberana en el sentido de decidir líbremente sobre la distribución de los dividendos.

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